La ciudad blanca

Aquella ciudad no ocurría en el futuro. Ocurría hoy, en simultáneo con nuestra ciudad de sol, viento, calles asfaltadas, cielo abierto, pantallas, árboles, edificios, casas, carros y algunos jardines alrededor. Ocurría además en la superficie, en las narices de la ciudad tradicional –y no en el mundo subterráneo como podría uno suponer al escuchar hablar de ella–.

Está herméticamente cerrada: no hay allí más que luz artificial.

Una luz tenue, lechosa y adormidera se alza sobre La ciudad blanca hasta invadir cada rincón, cada esquina y cada cuerpo que pasa por los habitáculos o por los pasillos de la laberíntica ciudad. Así han inventado el día eterno: sin noches, ni oscuridad, ni sueños. Un día sin fin que cada cual extiende o reduce a su antojo, enmarcado en un tiempo que cada quien administra según su capacidad.

No hay relojes en La ciudad blanca. Ni mugre, ni polvo, ni malos olores. Paredes blancas, baldosas blancas también -y brillantísimas- que hacen las veces de calles por las que transitan solo peatones y que, sin descansar, trapean y barren señoras de traje azul que parecieran ser invisibles pues nadie les dirige la palabra.

 

 

[La ilustración que abre este post es del ilustrador Vasco Mourao, de la serie Genova Perceptions y ha sido tomada del  website del artista)

¿Cómo amor?

BERLIN CORAZÓN

Desromantizar aquella palabra, bajarla a pedradas del árbol o del pedestal en el que se le suele tener, valerse de un palo o de una horqueta de ser necesario. Bajar el amor al suelo. No pisotearlo, no. No enterrarlo ni confinarlo a una celda, eso menos. Volverlo un artículo más del hogar. Ponerlo junto al cepillo de dientes, la almohada o la olla del café. La alacena podría ser un buen lugar. O mejor no. Mejor dejarlo afuera, donde no podamos perderlo de vista para que no se venza y terminemos por descubrirlo podrido cualquier día de estos.

No domesticarlo, no, eso jamás: podría ser peligrosísimo, sería cultivar en silencio a la bestia que un día terminará atacándonos. Pensándolo bien, no puede volverse un objeto más, corrijo lo dicho hasta ahora: el amor no puede ser como el papel higiénico, ni el delantal, ni el perchero de la casa. No. ¿Como el cuarto o la silla en que leemos nuestros libros preferidos? ¿Como el balcón desde el que miramos atardeceres? ¿Como el jardín o la planta que regamos cada día o una vez a la semana, según el tipo de planta y el clima?

Ni tan cotidiano que se nos vuelva invisible ni tan sagrado que no lo podamos tocar. Pero hay palabras que se resisten a todas las fórmulas.

Cirugía de esquina

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Nelly Borré es una autora prolífica –y hasta hace muy poco, desconocida– que ha escrito 2 libros de cuentos, una novela breve y una novela gráfica (todos inéditos). Amante del dibujo y del cómic desde que era una niña y de la literatura desde su adolescencia, Nelly tiende a hacer que confluyan diversas artes en sus producciones (que a su juicio son, sobre todo, literarias). Por estos días acaba de ser lanzada Cirugía de esquina, una novela-relámpago-no-lineal escrita y dibujada en los muros de seis localidades de Bogotá. Hasta el día de hoy, 20 muros han sido intervenidos por un colectivo de artistas que co-crean con Nelly: cada muro corresponde a un capítulo de este relato efímero. Desde inicios de febrero empieza a verse gente de todas las edades leyendo, a plena luz del día y de pié, las enormes páginas de una obra que nos sitúa en el horizonte de la literatura más contemporánea. Se espera que para el 20 de julio se concluya el proyecto con un total de 41 capítulos desplegados por toda la ciudad y que, aunque pueden leerse de manera independiente, en conjunto hacen parte de una única historia.

 

 

*La imagen que acompaña este post es una fotografía de una obra de Johanna Calle, tomada en la exposición Silentes 1985-2015 (realizada en el Museo de Arte del Banco de la República en Bogotá (D.C), entre noviembre de 2015 y febrero de 2016)

Grafomanía

 

Llegar a un museo a ver la obra de una artista. Saber que se trata de una dibujante. Encontrar en sus obras trazos con letras, dibujos con párrafos, renglones hechos de líneas con sentido. (más…)

Sobre qué escribo

I

Sobre todo escribir sobre papel. (más…)

Arte poética* (2)

Decur (carbón - lápiz - tesoro)

Cada tanto, la voz arrojaba una idea y yo escribía. Una forma de no sentirme sola al principio (jamás imaginé escribir para un lector). (más…)

Palabras no pronunciadas

Conversatorio En la punta del lápiz INVITACIÓN imag Conversatorio En la punta del lápiz Info invitación

El año pasado escribí unas palabras (por si eran necesarias) para el lanzamiento de mi primera novela en Medellín.

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ECHANDO FLORES

las mujeres en el cine colombiano

libreta de abastecimientos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

costuras y pre(-)textos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Un lugar de paso

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Ohpino

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El orejón sabanero

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lapieldelabatata

Bocetos, versiones, fragmentos de realidad · Textos por: Andrés Gómez O

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