Escritoras

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La literatura escrita por mujeres la conocí cuando cumplí treinta años. Encontré en ella una fiereza, algo indómito y misterioso que hasta hoy persigo en mi escritura. Hierven sus protagonistas (generalmente mujeres), los mundos encerrados en los que han tenido que vivir, el hostigamiento del deseo que han padecido. Arden los sentires de los escenarios en los que ocurren las historias que narran y las temporalidades móviles que articulan sus relatos. Pero, sobre todo, aúllan y danzan las palabras tal y como han sido usadas por Clarice Lispector, Marvel Moreno, Fanny Buitrago, Elena Garro, Armonia Sommers, Marosa di Giorgio, Wendy Guerra o Marguerite Duras.

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Ramón

Este cuarto nuestro y esta casa no ladran durísimo. Hay motivos de sobra pero no lo hacen (como no lo hacías tú). Doble silencio: un silencio que cubre tu habitual silencio.

Tu silencio de perro que olía flores en las mañanas se levanta, nos bate la cola y hace fiestas cuando entramos a la casa como queriendo despedirse por encima del adiós inexistente que nos ha tocado, que nos ha dejado sordos. Aturdidos escuchamos aún tus pasos, tus ronquiditos junto a la cama, tu nariz tu lengua la mirada tibia que tenías siempre puesta, tu enteridad de Ramón peludo y suave abriéndose campo en nuestra cama.

El peso todo el peso de tu cuerpo sobre las piernas mías o sobre las de Fabio y el calor al lado nuestro, el calor que eras, la alegría de ser tres, número mudo hoy, de luto, un luto que como tantas veces tú, se niega a comer de tu plato.

 

Parece mentira la muerte cuando a uno lo toca.

 

Coleccionista de letras

Diario de hanna hoch

Si me preguntan qué soy tendría solo una certeza: una lectora. Hay algo en las palabras de algunos libros que me conecta con la vida. Algo que es inasible y que invade todos los órganos de mi cuerpo. Si intento rastrear ese magnetismo que siento por las letras, me veo a los siete años copiando frases en una pequeña agenda que me dieron de sorpresa en una fiesta de primera comunión. Desde entonces no he parado de robar pedazos de novelas, cuentos, poemas y ensayos. Además de lectora, soy –no cabe duda–, coleccionista de letras.

 

[La imagen que abre el post es de un diario de la increíble artista Hannah Höch]

Cómo en silencio

 

kintsugi

Soñé un día que me quedaba a solas y en silencio con las palabras, con su mera forma y materialidad. Dejaba que me hablaran no desde su sentido, ni desde su lugar en la oración, ni desde su función dentro del texto. Fue como romper la escritura y renacer en ella. Verla rota y descubrir cómo por entre las grietas y pedazos que quedaban se abrían  vasos comunicantes y nacían raicillas como brotes.

Por un momento logré escapar de ese lugar rígido y estrecho que suele ser la narrativa.

 

 

[La imagen que abre el post es un objeto reparado con la técnica kintsugi. Pueden linkear el website del que fue tomado dando click aquí.]

Por una literatura elástica

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Emplear la literatura como un material plástico; la literatura que es sentido, trazo, ruido, imagen, nervio. Explorar la plasticidad de la palabra de manera radical. Sacar la literatura de los libros: llevarla hasta paredes pisos la ciudad entera en letras. Rodear los cuerpos de literatura, sitiarlos, encerrarlos en laberintos de palabras. Asesinar lo que se concibe como escritura literaria y hacerla revivir con otra cara y otra piel y otros órganos vitales. Robar herramientas y técnicas y estrategias de otras artes para llevarlas a la orilla de las letras –y  viceversa. Amplificar las fronteras de la literatura: expandirla en todas las direcciones posibles. Volverla elástica.

[La imagen que abre el post es una obra de Jenny Holzer y fue tomada de: www.isupportstreetart.com]

 

 

 

Reparar en el otro

 

Hombre con baston Rufino Tamayo

Me quedo mirando su bastón, un bastón de madera oscura que parece una reliquia. Todo es normal en el bastón, excepto su empuñadura. Un hombre, todo canas y vejez, lo sostiene bajo el brazo mientras busca algo en sus bolsillos. Se mueve lento. Tiembla. Me da tiempo para reparar la talla del bastón: en un extremo de la empuñadura veo la cabeza de un pájaro y al otro se extiende horizontal la cola. El hombre saca la billetera. Hace cada cosa con una seriedad impenetrable. Entrega el dinero a la mesera. Empuña el bastón para salir del lugar. Dejo de mirarlo y me reintegro a la conversación de mis amigos con quienes esperamos en la entrada del restaurante por una mesa. De repente, todas las décadas de aquel señor se detienen frente a mí. Levanto la mirada y me encuentro con que el anciano me está mirando. A mí. Retrocedo para darle paso y descubro sus ojos cargados de repulsión. Por lo menos eso me parece. Quiere que lo vea mirarme. No deja de hacerlo. Me frunce el ceño. Da un golpe al piso con su bastón. No entiendo qué pasa ni qué me quiere decir. Le abro paso; él sigue inmóvil. Con su mirada señala el lado rapado de mi cabeza. Desaprueba. Me hago a un lado. ¡Já! Dizque mujeres! dice enfurecido al avanzar. Y veo cómo mueve su cabeza de un lado al otro llevándose su queja y arrastrando toda esa indignación en su corto y estrecho caminar.

 

 

[La imagen que abre el post es de Rufino Tamayo (Hombre con bastón). Tomada del website de LS/Galería: https://lsgaleria.com/products/hombre-con-baston-tamayo]

Función triste

Desgonzamiento del cuerpo de mi madre. Rendición. Sometimiento. Furia mía, lucha constante por hacerla mover, por no dejar que se congele. Volverla a armar para sacarla de ese estado en el que entró. Reanimarla con movimiento simulado: hacer zoom con la cámara, disparar el obturador, acercar la grabadora. Deslizar el lápiz, arrugar la hoja y pintar sobre ella. Coser, rasgar, hacer todo cuanto sepa hacer para evitar lo inevitable. Es la única forma que encuentro de sacudirme este dolor que también a mí me mata, que nos está matando a todos en la familia.

Tener que contemplar la función hasta el final.

Aún no llega el fin. Cuando llegue, no aplausos. Acción mínima, todo el drama contenido adentro. Invisible para el público ansioso por que algo suceda. Inacción punzante sólo para los que estamos a su lado.

 

 

[Imagen: Hannah Höch / The Sea Serpent / Tomada de: catamongthepigeonspress.wordpress.com ]

In memoriam

 

mamá con hijos-carolopez

Camino el sol de Bogotá

tarde de barrio

una sombra me acompaña

la ausencia de mamá

es larga

se desprende de mis pasos

y al mirarla

son tantas las cosas

que de mí

descubro en ella

 

(más…)

Sobre qué escribo

I

Sobre todo escribir sobre papel. (más…)

Arte poética* (2)

Decur (carbón - lápiz - tesoro)

Cada tanto, la voz arrojaba una idea y yo escribía. Una forma de no sentirme sola al principio (jamás imaginé escribir para un lector). (más…)

ECHANDO FLORES

las mujeres en el cine colombiano

DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia

libreta de abastecimientos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

costuras y pre(-)textos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Un lugar de paso

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Ohpino

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

El orejón sabanero

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

lapieldelabatata

Bocetos, versiones, fragmentos de realidad · Textos por: Andrés Gómez O

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