Arte poética* (1)

materiales de escritura (by carolópezj)

Escribir fue, en el comienzo de mi vida, dejar hablar al personaje que había en mí. Darle la oportunidad a un narrador muy distinto a la Carolina que habla y que escribe este texto en este instante. Siempre, desde pequeña, recuerdo una voz en off  que me perseguía. Mucho silencio por fuera, muy calladita yo, y sin embargo, una voz y todas las voces dentro de mí.

No sólo escribir me gustaba. Siempre ha sido fundamental el lugar en el que escribo. El papel y el lápiz con el que habla la letra; el color, los trazos, no sólo le dan una pista al lector sino que hacen sentir más confortable al escritor. Por lo menos a mí me pasa. Por eso mis cajones están llenos de agendas con papeles decorados y repletos de letras coloridas, tintas de agua y de aceite, esferos, pasteles y marcadores. Colores, muchos colores siempre. Lo que se escribe debe tener una tonalidad. El blanco del papel y el negro de la pluma me parecen insuficientes para decir.

(*arte poética escrita en mayo de 2010)

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4 comentarios

  1. Juan Carlos Avril

     /  mayo 18, 2015

    No es fortuito que seamos hijos de una fuente igual del universo cuando sentimos lo que escribimos, somos hermanos, paridos de una misma esencia.
    A veces leyendo encuentro palabras que detonan mis palabras y no hay mas remedio que escribir. Hace algún tiempo en una especie de festival, aquelarre o sórdida conspiración compartimos unos instantes, fue luminoso.
    Hoy recuerdo, porque recordar es humanamente grandioso. También quiero dejar los rastros de algo que se me ocurrió a propósito del miedo a escribir…
    “Se cubre con una sábana blanca y me dice: Buuuuhh. La miro con desprecio, no quiero saber de su sosa hediondez, de su aliento sin sabor. Mejor escribo lo que se me ocurre, no importa que no lo lean los demás, atesoro estupideces para mí, para mi futuro, como quien guarda dinero para su vejez o cotiza para una pensión lejana.
    Más le temo a no poder hacerlo un día por los medios, a una escasez de papel o tinta, a un teclado donde no pueda dar picotazos de pájaro hambriento. Sade tuvo que recurrir a sus flujos sanguíneos, a su mierda, escribir sobre las paredes, en los pisos, a ese extremo es al que realmente le temo, no a la hoja en blanco. Ni siquiera a la cordura, seguramente, en medio de mis desequilibrios podría encontrar mayor coherencia, algún interesado en leer alguna cosa de mis escrituras, sin importar su escándalo, su incomodidad o su aplauso, finalmente, si no le gusta allí está el cesto de la basura.”

    Responder
    • Sí, definitivamente a mí también me pasa que “leyendo encuentro palabras que detonan mis palabras y no hay más remedio que escribir”. Gracias por pasar por aquí, Juan Carlos.

      Responder
  2. Gerson Vanegas

     /  julio 2, 2015

    Hola Carolina, me gustó mucho tu texto. Quiero ponerme en contacto contigo para saber más sobre El Deseo Colectivo, ¿A qué correo puedo escribirte? Gracias.

    Responder

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