De cuerpos que caminan

Leyendo - W KentridgeUsted se encuentra con una serie de estatuillas del tamaño de un antebrazo. Todas las estatuillas caminan (aunque están quietas). Van de izquierda a derecha, sobre una mesa de madera alargadísima que hace las veces de sendero. Todas llevan algo a cuestas: una vara, un libro, un bulto de ramas, un trombón.

Muchas veces, la acción indefinida de cargar un objeto vuelve al objeto parte del cuerpo (¿o viceversa?) y nos conduce a un destino de cuya fatalidad no nos percatamos.

Paréntesis: ¿cómo lograr dar movimiento a algo que está quieto? William Kentridge lo logra todo el tiempo con sus Cargueros y procesiones, en sus Dibujos para proyectar (en los que anima a partir de bocetos de dibujos) y con los mágicos Zoótropos con los cuales devuelve al espectador la sensación de magia de la imagen en movimiento. Cierro paréntesis.

Procesión - W Kentridge

Usted va a ver Fortuna de Kentridge y se tropieza con esta procesión de seres de bronce que, además, verá también proyectados en animaciones o fijados en algún otro material a lo largo de la exposición. Repito: usted se encuentra con esta recua de gente-pez, persona-tijera, hombre-altavoz, mujer-cafetera y, ¿qué le ocurre? A mí me despertó una nostalgia universal que me llevó a sacar libreta y lápiz para escribir lo que ahora es este texto que, usted, está leyendo. Curioso: al verme a mí, creyendo acompañar a todos esos cargueros y vagabundos errantes, me descubrí presa de mi carga.

Pero también la expo fue pura inspiración. Fue pensar de nuevo en la posibilidad de cambiar el estudio del escritor por un taller. Fue volver a la certeza de que el espacio de trabajo marca de manera profunda la obra de un autor. Fue querer convertir mi casa, mi vida entera, en un taller.

Antes del punto final

La presencia del cuerpo que encontré (y que me absorvió) en Kentridge me llevó, mientras escribía este post, hasta Coetzee (también surafricano como Kentridge, pero no artista sino escritor). Pienso exactamente en Escenas de una vida de provinciascreería que a lo largo de los tres libros que componen esta compilación (Infancia, Juventud y Verano) se habla (entre líneas pero subrayado y en cursiva) de los cuerpos y de las cosas que éstos tienen que cargar, cuya naturaleza es variadísima. No voy a hacer una reseña porque la idea era hablar de Kentridge (¿sobrará decir que, en mí, todos los caminos conducen a la literatura?), pero sí aprovecho para recomendar el libro a todos los que deseen entrar en los misterios de la escritura autorreferencial y la ficción como estrategia para hablar de sí mismo.

 

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2 comentarios

  1. Hola Carolina: Leí en menos de 3 días su obra “EN LA PUNTA DEL LAPIZ”.
    No soy crítico de estilos pero si de contenidos y pude darme cuenta de su enorme facilidad para contar historias y mantener al lector en alta concentración. Me puso a viajar por lugares conocidos de Bogotá y Albenia en forma magistral .La tragedia de doña Matilde y sus familiares mas cercanos. En fin, cuando tenga la oportunidad de verla me sentiría orgulloso de darle personalmente, mis mas sinceras felicitaciones por su obra y el premio obtenido con ella. Me declaro un humilde admirador de sus escritos porque estoy seguro, poseen el mismo estilo de ” En la punta del lápiz”.
    p.d.: El libro me lo prestó doña Floralba, nuestra amiga en común, pero quisiera conseguirlo en alguna librería de Albenia.
    Cordial saludo
    Fabio Riaño M.
    fabior51@yahoo.com

    Responder
    • Apreciado Fabio, mil gracias por sus palabras, por compartir la experiencia de lectura que tuvo con mi novela. No se imagina hasta qué punto gestos como el suyo enriquecen mi oficio. Desafortunadamente, por ahora, el libro no está disponible en librerías pues el premio con el cual fue publicado, tiene como condición la no comercialización de la obra hasta diciembre de este año. Espero pronto conseguir una editorial que se anime a hacer la segunda edición. De nuevo gracias por la lectura generosa que ha hecho de mi obra. Espero también algún día escuchar sus impresiones personalmente. Un saludo afectuoso desde Bogotá.

      Responder

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