Pequeña molestia

Zancudo - pequeñas molestias

carolopezj / 2014

Anoche, nada más apagar la lámpara, los ojos se me cerraron tan deprisa que no tuve tiempo de decirme: “Me duermo”. Y, media hora después, al pensar que ya era hora de buscar el sueño*, muy cerca de mi oreja, rondando entre mis ojos y mi nariz, un zumbido. Prendí la luz: nada que pudiera ver. Me resigné a compartir habitación con el intruso. Apagué. Ahora me despierta la molestia de una picadura. Otra vez la luz y otra vez no logro encontrar al insecto. No veo más que picaduras repartidas por mi cuerpo: en la nuca, en el brazo, encima de los labios. Me acuesto esperando que el cansancio sea más fuerte que el diminuto zancudo. Quiero matarlo, dormiría tranquila si lo hiciera, pero sé que él es más astuto y más ágil que yo. No hay remedio. Tan sólo hacer como si nada o creer en la superioridad de ese gigante tonto que debo ser yo para él. De este modo me engaño para tomar la decisión de apagar la lámpara de nuevo aunque sé, en el fondo, lo que ocurrirá. Sé lo que ocurre. Sé que en unas cuantas horas será siete de abril: el zumbido es pequeño, leve pero irritante -y me apabulla. Mañana habrán pasado dos años desde su muerte. Quisiera dejar de escribir sobre ese hecho, pero vuelve. Los días siguen como si nada y, aunque me monto en ese tren tranquila, una que otra noche algún zancudo llega como una pequeña molestia que no puedo asesinar. No es nada grave, nada que pueda matarme, nada que me impida ser feliz; es tan sólo una noche sin sueño o con un sueño mal dormido: una noche en la que el sosiego que busco no llegará, por lo menos no por completo.

*Fragmento tomado de Por la parte de Swann.Traducción de Carlos Manzano.

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