Como un chicle

diariodeduelo carolopez

Morderlo. Masticarlo de todas las formas posibles. Sacarle el jugo con los dientes. Exprimirlo sin reparos durante un buen tiempo, el que sea necesario. A ratos, dejarlo tranquilo debajo de la lengua. Jamás tragárselo. Hacer bombas con él, globos hacia afuera y sonidos como disparos hacia adentro.

El duelo se irá poniendo duro de tanto mordisquearlo. Duro y sin sabor. Cuando se lo quiera sacar de la boca, cuidarse de no lanzarlo en cualquier lugar (no pegarlo debajo de una silla ni de una mesa. Nunca echarlo a la basura (ni a la orgánica ni a la reciclable, no cabe en ninguna)). Lo ideal, con los chicles, es botarlos en medio de una carretera; las llantas de los carros se encargarán de adherirlos al pavimento. Hasta que muy pronto, el chicle se habrá perdido, se habrá fundido en el asfalto. Como si hubiera desaparecido. Sólo quedará el recuerdo del sabor cuando estuvo en nuestra boca. O el dolor en la mandíbula de tanto haberlo masticado (un dolor que pasará).

Si se le traga, en cambio, las tripas y todos los demás órganos internos se pegarán hasta volverse una sola masa. Este evento puede causar la muerte.

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