Nuevas viejas palabras

Lapiz roto (by carolopezj)

Pensé que conocía la palabra «muerte». Mentira. La había oído. La había escuchado. La había escrito. La había pronunciado muchas veces. Había visto algunos muertos, había llorado a unos pocos. Había estado en incontables funerales. Pero jamás morir había sido una acción que recayera en mi círculo más cercano. La muerte no me había tocado aún.

Hasta que el año pasado me mordió dos veces. Doble ración de ausencias. Una madre y una amiga. Mucho para un año. Más aún: mi amiga del alma dejó de existir el día del primer cumpleaños que mamá no pudo celebrar. Unos nacen, otros mueren. Todos se van.

Así fue como tuve que volver a aprender el significado de esa palabra junto a todas sus derivadas (muertos, morir, murió, morirá, moriré, murieron). Muerte, una palabra grave (no sólo por su acento en la penúltima sílaba); gravísima, tanto que aterra por no tener una tilde que acentúe lo devastadora que puede llegar a ser.

Otras viejas palabras han venido a mí, me han dado la mano, se han sentado a la mesa conmigo: nunca, jamás, irreparable, estar, irremediable, memoria, ausencia, recuerdo.

“Las palabras (simples) de la Muerte:

– «¡Es imposible!»

– «¿Por qué, por qué?»

– «Para siempre»

etc.”

(Roland Barthes / Diario de duelo)

Y duelo. Duelo, otra vieja palabra que se ha vuelto nueva. Hoy atravieso, por decisión propia, el camino del duelo.

“Pensar, saber que mamá está muerta para siempre, completamente

(«completamente», que sólo se puede pensar haciéndose violencia

y sin que se pueda sostener largo tiempo este pensamiento),

es pensar, letra por letra (literalmente, y simultáneamente)

que yo también moriré para siempre y completamente.

                Hay pues en el duelo (en el de este tipo, el mío) una domesticación radical y nueva de la muerte;

pues, antes, sólo era un saber prestado

(torpe, venido de los otros, de la filosofía, etc.),

pero, ahora, es mi saber.

No me puede hacer mucho más daño que mi duelo.”

(Roland Barthes / Diario de duelo)

Como no creo que haya una definición que quepa para todos los duelos ni una única forma de afrontarlo, me invento un duelo mío y solo mío para sacarme de encima el dolor que causa la ausencia (no para librarme de la ausencia, a ella empiezo a acostumbrarme). Es el dolor el que quiero desterrar: para eso deberían servir los duelos. Para eso servirá el mío. No creo en el dolor por el dolor. Recorrer el dolor para domarlo y abrirle las puertas hasta que salga. Liberar el dolor, como diría Barthes:  “Así puedo cernir mi duelo”

En medio de mi duelo y para atravesarlo, escribo. Y escribir se vuelve, también, una palabra nueva.

“Angustia, desherencia, apatía: sola, a bocanadas,

la imagen de la escritura como «cosa que da ganas»,

refugio, «salvación», proyecto, breve «amor», alegría.

Supongo que la devota sincera

tiene los mismos sentimientos hacia su «Dios».”

(Roland Barthes / Diario de duelo)

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4 comentarios

  1. Anónimo

     /  diciembre 5, 2013

    Hermosa, valiente!

    Responder
  2. Uy, Caro, me duele el pecho al leerte… no concibo, no imagino aunque imagino sin sentido, sin contenido, esa palabra vieja… Dolor, duelo, duele…

    Responder
  3. Cada una de tus palabras no solo te llevan a ti por un camino, sino que sirven de rieles para que quienes te leemos avancemos por el nuestro !!! Con Profunda Admiración y Cariño, mi Carito

    Responder

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