El espacio de Azul

autorretrato enfermo by Azul

Autorretrato enfermo (Pablo Azul)

De la mano de mi oscuro amigo Andrés Gómez, más oscuro que nunca, conocí la casa de Pablo Azul en Medellín. Queda en La Quiebra, bien arriba, tan arriba que el bus no logra subir la última cuadra (casi vertical). Llegamos caminando atrapados entre el sol de las once de la mañana.

La casa de Pablo Azul es de madera. El techo es muy alto. Hay pocos muebles, casi ninguno. La casa de Azul está llena de espacio vacío y de luz. Un gran ventanal la convierte en mirador. Me “trepo” en una hamaca que cuelga encima de la cama de Azul. Encaramada en el aire contemplo la vista de La Quiebra y de la amplia Medellín que me recuerda algunos de los cuadros que ya conocía de Pablo.

Azul parte unos mangos y les echa limón. Nos los comemos con un gusto arrollador.

Bajamos por unas escaleras muy estrechas hasta llegar al taller de Azul. Abajo todo me pareció que era cemento, caos y estrechez. El taller ocupa el mismo espacio de la casa, pero abajo. Y está todo lleno. El taller está inundado de cuadros, óleos y manchones por todos lados. El taller es frío. El taller está vivo y despierto. Es como si el taller de Azul nunca durmiera o descansara poco. Los cuadros de Azul se me revelaron alegres, chispeantes, contundentes; contienen la violencia del paso de un cuerpo en movimiento sobre ellos. Los cuadros de Azul tienen pedazos de su cielo y de su infierno.

El cielo y el infierno de Azul conviven en un mismo lugar en el que se respira el gusto por el juego.

Volvimos arriba. Los fríjoles con remolacha de la mamá de Pablo estaban servidos. Pablo sacó un frisbee. Allí, en medio del amplio espacio del cielo de Azul, tuve mi primera lección.

Nos despedimos de Pablo (Azul). Me regaló el frisbee. Me traje la imagen del Aguacatero que no me he podido sacar de la cabeza, un cuadro inmenso que colgaba en una de las paredes de la casa.

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6 comentarios

  1. lobaestrangeira

     /  septiembre 23, 2013

    ahhhh caro!!! encontrastes a andres!!!! me provocaste una saudade inmensa de los dos y de ese azul que ya amo en pesar de que no conozco.

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    • Sí, Renata, por aquí se te piensa por montones también y pensar en ti nos provoca “saudade inmensa” también. Espero que la vida nos cruce de nuevo, estoy segura de que así será. ABRAZOS.

      Responder
  2. Anónimo

     /  septiembre 24, 2013

    ah yo fui donde Pablo Azul y la descripción es perfecta. Un saludo al pintor de piruetas en el aire y a quien escribe tan bonito!

    Responder
  3. Mauricio

     /  septiembre 25, 2013

    Ohh! sorpresa. Brilla el oscuro y el azul en tus manos. Saludos.

    Responder

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