La ciudad blanca

Aquella ciudad no ocurría en el futuro. Ocurría hoy, en simultáneo con nuestra ciudad de sol, viento, calles asfaltadas, cielo abierto, pantallas, árboles, edificios, casas, carros y algunos jardines alrededor. Ocurría además en la superficie, en las narices de la ciudad tradicional –y no en el mundo subterráneo como podría uno suponer al escuchar hablar de ella–.

Está herméticamente cerrada: no hay allí más que luz artificial.

Una luz tenue, lechosa y adormidera se alza sobre La ciudad blanca hasta invadir cada rincón, cada esquina y cada cuerpo que pasa por los habitáculos o por los pasillos de la laberíntica ciudad. Así han inventado el día eterno: sin noches, ni oscuridad, ni sueños. Un día sin fin que cada cual extiende o reduce a su antojo, enmarcado en un tiempo que cada quien administra según su capacidad.

No hay relojes en La ciudad blanca. Ni mugre, ni polvo, ni malos olores. Paredes blancas, baldosas blancas también -y brillantísimas- que hacen las veces de calles por las que transitan solo peatones y que, sin descansar, trapean y barren señoras de traje azul que parecieran ser invisibles pues nadie les dirige la palabra.

 

 

[La ilustración que abre este post es del ilustrador Vasco Mourao, de la serie Genova Perceptions y ha sido tomada del  website del artista)

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Letraspegadas

Hace cinco años imaginé un proyecto de escritura a partir de fragmentos literarios. Escribí sobre aquella idea aquí en mi blog. Este año la idea se ha levantado de ese post en el que andaba olvidada y ha cobrado forma en mi bitácora. Hoy, a pesar de que me encuentro en un momento exploratorio (muy lejos de tener textos acabados), quise compartir un par de páginas sueltas de una serie que he llamado Clarice.

Al final del post incluyo la información bibliográfica completa de donde fueron tomados los fragmentos (para los más gomosos y amantes, como yo, de Clarice Lispector).

 

Información bibliográfica

En azul: CLARICE LISPECTOR. Cerca del corazón salvaje. Siruela. España, 2012. Traducción: Basilio Losada.

En fucsia:  CLARICE LISPECTOR. Aprendizaje o el libro de los placeres. Siruela. España, 2010. Traducción: Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo.

En amarillo: CLARICE LISPECTOR. La ciudad sitiada. Siruela. Madrid, 2006. Traducción de: Elena Losada.

En café: CLARICE LISPECTOR. La pasión según G.H. Siruela.España, 2013. Traducción del portugués de Alberto Villalba.

 

 

Función triste

Desgonzamiento del cuerpo de mi madre. Rendición. Sometimiento. Furia mía, lucha constante por hacerla mover, por no dejar que se congele. Volverla a armar para sacarla de ese estado en el que entró. Reanimarla con movimiento simulado: hacer zoom con la cámara, disparar el obturador, acercar la grabadora. Deslizar el lápiz, arrugar la hoja y pintar sobre ella. Coser, rasgar, hacer todo cuanto sepa hacer para evitar lo inevitable. Es la única forma que encuentro de sacudirme este dolor que también a mí me mata, que nos está matando a todos en la familia.

Tener que contemplar la función hasta el final.

Aún no llega el fin. Cuando llegue, no aplausos. Acción mínima, todo el drama contenido adentro. Invisible para el público ansioso por que algo suceda. Inacción punzante sólo para los que estamos a su lado.

 

 

[Imagen: Hannah Höch / The Sea Serpent / Tomada de: catamongthepigeonspress.wordpress.com ]

íntimo aleatorio

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Se puede vivir así, claro, pero no se desea frenéticamente vivir. En cambio, pasé el día entero -y la noche- con él. Por ahora ha sido, también, conocer todos mis fantasmas. Tener cuidado con la domesticación de los afectos. Definitivamente esta es una sociedad que privilegia la vida a como de lugar y la prolongación de la especie frente a cualquier otra cosa. Ella no es actriz aunque está en escena; lo que ella hace es escribir. Me interesa cómo muestra la vulnerabilidad del cuerpo de la mujer. El cielo apenas empezaba a despejarse y, detrás de las nubes que se iban, venía él como un gran sol que salía detrás de la montaña. Estoy atravesando uno de esos momentos en los que cada cosa que haga definirá mi destino. Él es una casa que trae el mar adentro (sin puertas ni ventanas). Envolverlo con la palabra abrazo y arrullarlo hasta que caiga dormido. Con una emoción infantil exaltada llego a casa después de ver Murmullos. Creo que (lo sé) estaba necesitando desde hace mucho rato un espacio para dibujar mi propia sombra. Adoro su espalda y la forma descuidada en que su cuerpo se acomoda. Tampoco había rejas que encerraran la ciudad, éramos niños que no pensaban en el peligro (con padres que no pensaban en el peligro); éramos niños muy pequeños pero, lo que hoy es inusual, niños que corrían y jugaban libres. Hay algo tan íntimo y fuerte en el hecho de sentirse mujer.  Mientras veía la obra y el corazón se me hinchaba pensé en lo cercano que está el teatro a los juegos infantiles en los que una bolsa es una capa y un sofá se convierte en barco. ¿Cuánto hace que no lloraba de esta manera al leer un libro? Todavía puedo ver una inmensa bola en el cielo muchísimo más grande que el sol. El doctor me dijo “el ombligo es una cicatriz” y me quedé pensando en eso varios días, en esa cicatriz que no se borra y que se vuelve órgano del cuerpo. Nunca antes esas palabras pronunciadas para mí habían tenido tanto eco. Era feroz a mis 27.

 

 

[La imagen de este post es de Max Ernst (portada del libro Répétitions de Paul Eluard)]

La narradora

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…lo que ella era, era únicamente una pequeña parte de sí misma.

Clarice Lispector / Aprendizaje o el libro de los placeres, p. 40

Aparece una voz de mujer en casi todo lo que escribo. No le temo, no la evito, no intento atenuarla: antes bien, la dejo hablar. Y la escucho atenta.

Se sentía muy joven y, al mismo tiempo, increíblemente vieja. Lo atravesaba todo como un cuchillo y, al mismo tiempo, permanecía fuera, mirando.

Virginia Woolf / La señora Dalloway

A esa narradora que se ha desatado le cuesta resignarse a hablar de modo “neutro”; ella no consigue narrar sólo acciones.

Era una cosa de mujer y nada más. Pero adentro de eso había tanto fuego que un día se incendiaron los depósitos del alcohol sólo porque pasó cerca. Es claro que además cantaba, y ponía cortinas en las ventanas, hacía comida y limpiaba todo esto. Y las flores que se metía en el moño del pelo quedaban como quemadas entre las sábanas…

Armonía Somers / Sólo los elefantes encuentran mandrágora

¿Por qué rehuir a la propia condición y camuflarla en un tipo de narrador hecho a imagen y semejanza de los hombres?

La luz caía del cielo en cataratas de pura transparencia, en trombas de silencio y de quietud. El aire era azul. Se cogía con la mano.

Marguerite Duras / El amante

Si lo que en gran parte narran las mujeres es justamente lo que no se ve, ¿cómo buscar la neutralidad? Sería de lo más inverosímil. Una mujer no conoce la objetividad porque en su relación con el mundo generalmente media la intuición, una mujer entra siempre hasta el fondo, levanta el mantel, descubre las cortinas, visita los sótanos y las buhardillas, llega hasta remotos paisajes olvidados y, desde allí, cuenta. La mujer no vive sólo en el mundo de la acción, no podría hacerlo. Una narración desde el sentir femenino tiende a encarnarse en una voz que opina e interpreta todo el tiempo.

 

Quizá, al igual que tía Irene, aquellas voces intentaban comunicarle el eco de un mensaje olvidado desde hacía miles de años, pero no destruido mientras hubiese alguien que lo escuchara en el secreto de un jardín, sabiendo que a alguien debería entregarlo cuando sintiera aproximarse los primeros pasos del silencio; por confusa que fuera, su percepción ponía en marcha un mecanismo que nada ni nadie podía detener, como un reloj destinado a marcar las horas hasta la hora de la muerte o un tercer ojo de repente abierto y para siempre en vela: pues a partir de entonces no había tregua ni reposo, sino una interrogación continua, un eterno peregrinaje en los trasfondos del inconsciente.

Marbel Moreno/ En diciembre llegaban las brisas

 

 

*[La imagen es de Meghan Boody (Incident At The Reformatory). Tomada del website de la artista]

Personajes domésticos No. 1

 

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I

Después de tantos días sin noticias tuyas

llegas como si nada.

 

Buscas tu plato,

ese que te sirvo cada noche

y que cada noche cambio,

con la esperanza de que encuentres

fresca

la comida.

 

Lames,

pasas tu lengua por la leche,

por mi leche.

Bebes.

 

 

II

Jamás pides caricias.

 

Me frotas contra tu vientre

ronroneándome al oído palabras tontas.

 

Me envuelvo entre tu pelaje.

 

 

III

 

Mucho después del sol, te levantas.

 

Lames de nuevo:

a mí,

a ti,

al plato.

Y saltas por la ventana,

como tantas otras veces.

 

Nada nuevo.

 

 

IV

 

Me quedo

Tras el marco y el cristal

mirando cómo te pierdes

entre los tejados.

 

Escucho maullar la gatas,

sabiendo que detrás del grito que enloquece

puedes estar tú

–seguramente lo estás.

 

Mientras yo

espero ansiosa tu llegada.

Y aúllo por la ventana.

 

 

*[La imagen es de Edward Hopper (Night Windows)]

In memoriam

 

mamá con hijos-carolopez

Camino el sol de Bogotá

tarde de barrio

una sombra me acompaña

la ausencia de mamá

es larga

se desprende de mis pasos

y al mirarla

son tantas las cosas

que de mí

descubro en ella

 

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Algunas histerias

desenredando---latidos-capilares-by-carolopezj

[Mujer en una silla mecedora amarrada entre su propio pelo –larguísimo, enredadísimo–. Sólo podemos ver con claridad su cabeza: piel pálida, labios secos, ojos bien abiertos. Su voz fluye libre por la habitación en la que se encuentra encerrada mientras grita, desbordada, lo siguiente:]   Leer la entrada completa »

¿Cómo amor?

BERLIN CORAZÓN

Desromantizar aquella palabra, bajarla a pedradas del árbol o del pedestal en el que se le suele tener, valerse de un palo o de una horqueta de ser necesario. Bajar el amor al suelo. No pisotearlo, no. No enterrarlo ni confinarlo a una celda, eso menos. Volverlo un artículo más del hogar. Ponerlo junto al cepillo de dientes, la almohada o la olla del café. La alacena podría ser un buen lugar. O mejor no. Mejor dejarlo afuera, donde no podamos perderlo de vista para que no se venza y terminemos por descubrirlo podrido cualquier día de estos.

No domesticarlo, no, eso jamás: podría ser peligrosísimo, sería cultivar en silencio a la bestia que un día terminará atacándonos. Pensándolo bien, no puede volverse un objeto más, corrijo lo dicho hasta ahora: el amor no puede ser como el papel higiénico, ni el delantal, ni el perchero de la casa. No. ¿Como el cuarto o la silla en que leemos nuestros libros preferidos? ¿Como el balcón desde el que miramos atardeceres? ¿Como el jardín o la planta que regamos cada día o una vez a la semana, según el tipo de planta y el clima?

Ni tan cotidiano que se nos vuelva invisible ni tan sagrado que no lo podamos tocar. Pero hay palabras que se resisten a todas las fórmulas.

Cirugía de esquina

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Nelly Borré es una autora prolífica –y hasta hace muy poco, desconocida– que ha escrito 2 libros de cuentos, una novela breve y una novela gráfica (todos inéditos). Amante del dibujo y del cómic desde que era una niña y de la literatura desde su adolescencia, Nelly tiende a hacer que confluyan diversas artes en sus producciones (que a su juicio son, sobre todo, literarias). Por estos días acaba de ser lanzada Cirugía de esquina, una novela-relámpago-no-lineal escrita y dibujada en los muros de seis localidades de Bogotá. Hasta el día de hoy, 20 muros han sido intervenidos por un colectivo de artistas que co-crean con Nelly: cada muro corresponde a un capítulo de este relato efímero. Desde inicios de febrero empieza a verse gente de todas las edades leyendo, a plena luz del día y de pié, las enormes páginas de una obra que nos sitúa en el horizonte de la literatura más contemporánea. Se espera que para el 20 de julio se concluya el proyecto con un total de 41 capítulos desplegados por toda la ciudad y que, aunque pueden leerse de manera independiente, en conjunto hacen parte de una única historia.

 

 

*La imagen que acompaña este post es una fotografía de una obra de Johanna Calle, tomada en la exposición Silentes 1985-2015 (realizada en el Museo de Arte del Banco de la República en Bogotá (D.C), entre noviembre de 2015 y febrero de 2016)

ECHANDO FLORES

las mujeres en el cine colombiano

libreta de abastecimientos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

costuras y pre(-)textos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Un lugar de paso

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Ohpino

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

El orejón sabanero

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

lapieldelabatata

Bocetos, versiones, fragmentos de realidad · Textos por: Andrés Gómez O

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