• Entradas recientes

  • Archivos

  • Categorías

  • Anuncios

Lo que persigo

La palabra señala pero mi dedo es múltiple

dedo pulpo ciempiés

apuntando hacia lo que no tiene forma

ni apellido ni esqueleto

lo sin nombre que punza y obra y corroe y late

 

se parece más a un fantasma

 

lo que persigo no tiene cuerpo

vive en el cuerpo en los cuerpos,

en mi cuerpo y más allá de él

lo he sentido

no visto

como un rastro muchas veces. Muy cerca. No se deja agarrar. Se revela en la noche más profunda y al amanecer se escurre por todos los sifones de la casa. Le caben todas las palabras pero no las quiere. Se necesitan más que palabras para ver la forma de un fantasma.

 

[Las imágenes son capturas de pantalla del video realizado por Juan Pablo Polanco en Rincón del Mar (2019) en una acción performática con José Daniel Ocón para un proyecto artístico]

 

 

Anuncios

Voces

by-carolopezj-2019

Voces, busco voces, las hay dónde, dentro de mí a veces, he transcrito algunas, en el silencio de la lectura también voces, pero no solo, en una que otra imagen, viejas cosas, latidos fugaces en mi historia con las voces, diarios calendarios, cuerpos desgastados, sostenidos los relojes de la infancia

qué tienen esas voces, de las que hablo, que me llaman y me buscan, me seducen y me inquietan, no se dejan ver del todo, urgentes en medio del bosque, ecos de un pozo de la noche el sueño el interior adentro el fondo, voces sótano buhardilla, viento rugido llama

craquear telúrico voces, al oírlas atraviesan, los huesos de la memoria, despiertan desconciertan hielan, fulminantes algo hierve, resuena y se evapora al escucharlas, dejan ver entre sus pliegues, voces llanto o hermanas del llanto y que lo llaman, asombro júbilo gemido, de múltiples géneros estallan, y detonan suave a veces cuanto tocan, sutiles temperamentales, elegantes gráciles todo lo arrasan, gritan rasgan rompen con su fuerza alzan el peso, o lo abrazan si es preciso

aquello que las mueve, cultivado en el silencio y a presión, reverbera en sogas tensas, abanicos inservibles en las sábanas el viento

rastros tules entre ácaros eléctricas

encarnarlas en sonidos en objetos, en lugares en un tiempo, otros cuerpos su corriente desatada, fijar ecos sin plantarlos, sostenerlos en el aire, fuerza ingrávida dejar que eleve cosas, apenas algo o todo, voces dirán.

escucho (fragmento)

Malevich.black-square

 

hay un silencio lago que contemplo 

cuando a veces mi voz muda

 

 

 

[La imagen que abre el post es de Kazimir Malévich, Cuadrado negro. Tomada de Wikimedia Commons]

Correspondencias póstumas (fragmento)*

Al estrépito 

al rugido, si se le diera un cuerpo…

(…) a los tirones, a los gruñidos, a los rompimientos

a las mareas de sangre en el corazón

a la sed

a la sed sobre todo

a la sed jamás aplacada

si se le diera un cuerpo…

(Henri Michaux, Movimientos)

 

Querer soltar las letras cargadas por diez años. Puestas sobre papel, digeridas, en los huesos las palabras. Diez años de escritura diaria. O casi diaria que es lo mismo. Cansada de las palabras que dicen siempre que no callan, del ruido que producen.

 

Añorar el silencio y sin embargo desear al mismo tiempo hablar con mi madre muerta. Chocar con la imposibilidad de escucharla desde el día de su muerte. Cinco años hace sin oírla.

 

Escribo a mamá una carta cada día. Una sobre otra. Como un chorro mi voz. Le cuento qué hay de mí. Ninguna respuesta. Correspondencia fúnebre que redime y mata: cartas en las que paso por sobre lo escrito una y otra vez como ahogando la escritura.

 

Mi escritura miope avanza con trazos que se pierden entre líneas escritas previamente, líneas marañas que oscurecen y trastocan el sentido, líneas que empujan el lenguaje hacia la forma.

 

Escribirle a mi madre muerta y matar así mi escritura. Escribir para no poder leer lo escrito. Escribir para borrar. Escribirle cartas que ella no podrá leer, cartas que no serán leídas.

 

En medio de la imposibilidad, me acerco un poco, elijo fragmentos: leo. Algo aparece. El lenguaje habla. Me habla. Dice más de lo que yo misma podría decir. Habla con la voz evanescente de la sombra de mi madre.

 

*Fragmento del Arte poética a propósito de la serie de experimentación plástica Correspondencias póstumas (ensayos)  [2018]

 

 

[La imagen que abre el post es un detalle de una de las piezas de la serie Correspondencias póstumas (ensayos), expuesta en la exposición PROVISIONES -realizada por la IX cohorte de la Maestría en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional de Colombia]

Así Tania en Lectura, 2018

Lectura_Chopo_2018_4

¿Alguna vez han visto a una araña tejer su red?, así Tania Solomonoff en Lectura, 2018; sus gestos cavilantes, sus acciones certeras, la manera en que recorre el espacio, rasga la cinta, fija las líneas, ve. Se aleja, va, vuelve. A ratos su cuerpo como congelado detiene la escena —un pie aún en el aire incluso—, ¿en qué piensa?  Y ese pie que desliza con una suavidad inesperada sobre el suelo, ¿qué acaricia?

Las hebras de la telaraña van saliendo poco a poco: de pronto se alza la voz de la madre “¿Por qué el conejo tiene las orejas largas?” Entra la infancia y se instala en el ambiente mientras la acción con el cuerpo continúa: líneas negras se extienden sobre el suelo blanco. Marcar el espacio. Demarcarlo. El cuerpo que demarca, ¿qué siente? ¿lo atraviesa —¿de qué modo?— el pasado del conejo, el tiempo aquel en el que sus orejas eran tan cortas como las del ratón y sólo por eso no fue invitado a la gran cena?

Se abren las preguntas, distintas todas para cada espectador ¿Torres, casas, sombras, animales? Se abre el espacio de lectura creado por el diagrama que Tania ha ido dibujando. Orejas largas, plantas, círculos, cangrejos, una mano abierta en negro, techos, trazos negros, serpientes, figuras negras sobre blanco, rectángulos, triángulos, negras telas que se alzan como el mar. No es una la imagen que se conforma, son muchas, y todas se desdoblan mientras Tania insiste en su dibujo rodeada por los espectadores que observamos desde el borde. Y es que somos el borde.

¿Alguien quiere entrar a habitar el espacio?, pregunta la artista buscando nuestras miradas: el espacio íntimo y autobiográfico se reconfigura cuando un pedazo del borde se desplaza al centro. La imagen es otra ahora; otros los límites, otras las lecturas. Nuevos personajes en la escena y con ellos Tania que hasta el último momento recompone su diagrama. Una hebra más se lanza con la voz del padre amplificada contando los detalles cotidianos de su vida familiar en un estrecho apartamento en París.

Finalmente, la quietud. Y con ella el momento límite que permite romper los bordes por completo: recorremos el dibujo, caminamos sobre él mientras las imágenes evocadas se evaporan con la algarabía y las voces del público ahora parte indiscutible de la fina red que se ha tejido en la instalación escénica Lectura, 2018.

 

[Todas las fotografías son de Octavio Soto]

Lectura, 2018 / Instalación escénica / Tania Solomonoff/ Museo Universitario del Chopo/ Junio 7 de 2018, Ciudad de México.

Más sobre Tania Solomonoff: https://taniasolomonoff.work/

Cadena montañosa

“¿Por qué la noche cae, en lugar de levantarse, como el amanecer? Porque si uno mira al este, hacia el ocaso, ve que la noche no cae sino que se levanta; la oscuridad se eleva en el cielo, desde el horizonte, como un sol negro detrás de un manto de nubes. Como el humo de un incendio invisible, una línea de fuego justo por debajo del horizonte, una pincelada de fuego o una ciudad en llamas. Tal vez la noche cae porque es pesada, una gruesa cortina echada sobre los ojos. Un manto de lana. Me gustaría ver en la oscuridad mejor de lo que veo.”

Margaret Atwood / El cuento de la criada

WEB-paisaje-nocheLa primera palabra. Primera pronunciada. Primera escrita.

Volví a escribirla sin descanso cuando recién aprendía a desprenderme de mamá, sin haberme acostumbrado a saberla muerta.

Escribo como haciendo planas. Eme y a, eme y a. Tilde. Soy una adulta, hecha y derecha, y sin embargo: eme y a, eme y a, tilde. Utilizo solo letras minúsculas. Mamá es curva y redonda. Simple y contundente. Para crearla basta dibujar una línea sinuosa. Mamá tiene un acento marcado al final. Mamá es abierta al pronunciarla debido a la “a” y apretada por causa de la “eme”. Si la eme se prolonga, mamá puede hacer cosquillas en los labios.

Sin referente vivo, trazo la eme (montañosa) junto a la a (que al lado de la eme se me antoja peñasco) y sin parar repito la sílaba como una copia exacta de la otra. Después de escribirla tantas veces, en letra pegada, comprendo que mamá es una cordillera.

Mis diarios de esos días llenos de cordilleras.

¿Y la tilde? La tilde es un ave -si es de día-. Podría serlo, pero mi paisaje es nocturno. Hacía poco había escrito sobre esa palabra que se levantó con toda su fuerza sobre mí desde la muerte de mi madre.

 

Yo no he querido nunca ser mamá. Pero estoy atada a esa palabra.

La tilde de mamá, mi tilde, es la luna. Mamá es una cordillera en una noche de luna menguante. Lo es para mí. Lo era sobre todo en ese entonces. Mi noche es fría pero bella. Misteriosa e inspiradora es mi noche. Mamá es lunar como lunar mi duelo: crece, se esconde y reaparece con su luz perla incandescente. Y con sus sombras. Mi noche está llena de luciérnagas si agacho la mirada. Y de grillos y de ranas. La noche es mi casa materna. Piedras plateadas bajo la luz que se descuelga. Un río corre detrás de las montañas y peñascos. Mi caligrafía se agota para nombrarla. Y las palabras también.

[La imagen que abre el post es un fotograma de un video-escrito que publiqué en una novela web de mi autoría. Aquí el link del video (dura 43 segundos) https://www.youtube.com/watch?v=_lUe6G6CaUw]

La cosa cualquiera (fragmento)

Georgia Okeeffe - The Lawrence Tree

Podría no decir de qué hablo, llamarlo la cosa cualquiera y contar que desde muy pequeña me gustaban las hileras sin inicio ni fin que se movían en el suelo. O saltar de una cosa a otra sin especificarlo. En la copa de los árboles el viento. Ser una rama más. El sonido del árbol desde adentro es otra cosa y uno también lo es. O recordar cuando se va mucho más despacio que el mundo y te supera su velocidad; la náusea igual en una máquina de ciudad de hierro que en pleno centro de Bogotá. El olor a humo despierta y traga. Todo parte de una misma cosa que puede tener muchos nombres. La piedra el sol junto al río ni una palabra. El silencio y el blanco de mi habitación primera. Y no hago sino tejer con muchas hebras una misma manta con la que me cobijo ahora. Mi techo y mi suelo. Pareciera hablar de cosas distintas pero hablo de una para la cual no he encontrado nombre. A lo mejor es una cosa sólo mía, lo que me funda o aquello que al unirlo en una sola cosa puedo decidirme a fundar.

 

[La imagen que abre el post es de Georgia O’Keefee: The Lawrence Tree. Fue tomada de Wikipedia)

No sabe, no responde

Juan cardenas arroyo - sin titulo

–Y  ¿qué vas a decirle a tus papás? ¿que te separaste porque me encontraste chateando con una compañera de trabajo? ¿Eso les vas a decir?

Esas fueron sus palabras exactas cuando me encontró saliendo de la casa con las maletas en la mano. Ese fue el argumento que quiso usar mi esposo para retenerme.

No supe qué decirle. No era que no tuviera respuesta, era que me aterraba darme cuenta de lo poco que conocía al hombre con el que llevaba viviendo siete años. Sobre todo me espantaba saber lo poco que él me conocía. ¿Qué me iba a importar a mí lo que pensara o dijera cualquier persona en el mundo sobre lo que hacíamos nosotros con nuestra vida? Y mucho menos mis papás. Lo que yo quería era una razón para no salir corriendo, algo que me confirmara que él aún me quería; una señal de cariño, de apoyo, la evidencia de que nuestra relación estaba plantada en suelo firme.

No sentí dolor. Ni tristeza. No en ese momento. En ese instante yo era solo ganas de correr. Todo lo demás había quedado empacado en mis maletas. Enderecé la espalda. Mi mirada saltó por encima de la suya. Sujeté mis maletas con la fuerza inagotable de mis 28 años y lo esquivé sin decirle nada, dejándole mi silencio entero en nuestra casa.

 

*[La imagen que acompaña el post es de Juan Cárdenas Arroyo: Sin título (puerta azul). Fue tomada del Website de la colección de arte del Banco de la República de Colombia]

Lo primero que vi (fragmento)

Lo primero que vi estaba muerto. La boca medio abierta, dientes puntudos como agujas. Sobresalían los colmillos. Las orejas paradas, puntudas también. Papá lo tenía entre sus manos. Parecía inofensivo. Era la primera vez que yo veía uno. Pero ya antes había escuchado su aletear ciego y brusco dentro de la casa. Ya antes había terminado encerrada en la habitación por su culpa.

Había que cerrar la puerta del patio cuando llegaba la noche. Algunas veces se nos olvidaba hacerlo. Entonces, el grito de mamá; su llamado urgente para que mi hermano y yo nos metiéramos al cuarto era un signo clarísimo de que se había colado uno en casa. Los gritos de mamá me ponían muy nerviosa.

“Un murciélago, hay un murciélago en la casa”

Teníamos que correr al cuarto y de inmediato se cerraban las inmensas puertas de madera. Ocurría siempre en la noche. Lo escuchábamos golpearse contra paredes, muebles y puertas. Nunca de día.

El miedo nació allí, el miedo en el cuerpo, la sangre corriendo, la respiración descontrolada, el poder de lo desconocido haciéndose sentir.

No salíamos hasta que llegara papá. Sólo él era capaz de hacerse cargo.

¿Pregunté alguno de esos días qué era un murciélago? Lo dudo. No era el tipo de preguntas que solía hacer. Murciélago era ese aletear violento que nos obligaba a escondernos en la noche en nuestro cuarto o en el cuarto de nuestros papás.

Una vez fue distinto. Era de madrugada. Se escuchaban golpes afuera, ruidos que nos despertaron a mi hermano y a mí. Papá, en la sala, intentaba cazar un murciélago, nos explicó mi mamá que entró a nuestro cuarto para confirmar que estuviéramos bien.

Los ruidos pararon de repente. “¿Quieren verlo?” escuchamos que dijo papá. Yo estaba aún medio dormida cuando salí del cuarto: aquella madrugada la presencia muerta del murciélago nos sacó de la cama antes de que apareciera el día. Fue ahí cuando lo vi. De ahí en adelante murciélago no sería solo ese aletear descontrolado, nuestro correr y encerrarnos, el susto de mamá, el miedo en mi cuerpo. Murciélago sería, sobre todo, ese pequeño animal muerto en las manos de papá. Mi hermano pidió ver las alas. Papá giró el cuerpo del murciélago y vimos desplegadas sobre su mano unas alas delgadas, bellas y abarcantes en las cuales estaban pegadas las extremidades del animal. Un pequeño chorro de sangre salía de su boca.

Antes o después pero muy cerca a esos días tuvo que haber sido el sótano.

Murcielago Jose Ribera

 

*[La imagen es un dibujo de José de Ribera  (título: Un murciélago y dos orejas). Tomada de Metrópoli El Mundo]

Ese fantasma

alquimia

Sobre la forma ninguna certeza.

Por un buen tiempo, cuando me propuse convertir la escritura en mi oficio, pensé la forma: me convencí de que la forma estaba en la gramática, en la sintaxis, en el uso que podía hacer de las palabras o en servirme de la puntuación para obtener un ritmo. Así, darle forma a mi obra significó sentarme a trabajar largas horas en el computador: cambiar frases, quitar adjetivos, construir imágenes con palabras, probar sonoridades y cadencias en la redacción. Borrar, sustituir, agregar, incluir, separar… no importaba el verbo que empleara para relacionarme con la forma, éste siempre desplegaba su función sobre los componentes y las dinámicas del lenguaje escrito.

No fue fácil. Para lograrlo tuve que deshacerme de unas presencias que llevaban años conmigo y que parecían no caber en esta manera de creación que era la escritura: fue así como la forma se volvió intrusa para mí.

Pero la intrusa se asomaba cada tanto:  impulsos irrefrenables por separar letras, diagramar frases, incluir colores.  Imágenes, sonidos y materialidades ocupaban un lugar en la creación del mismo modo que lo hacían las palabras. A todas esas presencias las ignoré, las escondí, las guardé en mis cajones. Las saqué de mi vida.

Eran insistentes sin embargo.

Junto a la palabra mamá las alas de una mariposa negra. Un frasco vacío de loción en mi tocador perfumaba el tiempo detenido de la protagonista de mi novela. Las fotos viejas de un álbum y un arrume de documentos oficiales reclamaban su presencia en mis páginas. Mis larguísimos pelos un día dibujaron frases y palabras que buscaban tener algún sentido. Y en el espejo del baño con trazos de marcador se dibujó una mujer que terminaba de escribir “reflejo” del otro lado.

Pensaba que al haberla sacado de mi vida había perdido todo trato con la forma. Pero había vuelto con su fuerza recobrada. Volvió con furia y resentida por mi expulsión. Me interpeló. Me juzgó. Y volvió a habitar mi casa, mi vida, ahora como un fantasma.

La forma es el fantasma que ronda mi escritura y que forcejea para darle cuerpo a una parte de mis obras. A la forma le cuesta expresarse a través del lenguaje escrito, en cambio se encarna de manera fugaz y contundente en la materia. Por eso no más escribir por ahora. Convertirme en una posesa de ese fantasma, dejar que hable en mí y a través de mí. E intentar darle forma.

 

[La imagen que abre el post fue tomada del alchemywebsite. La versión original no tiene color y pertenece al libro Musaeum Hermeticum ]

PABELLÓN DE LA OREJA

Escritos / Julia Nanda Bejarano López

Carlos Camacho

Reflexiones arbitrarias sobre Arte y Pedagogía.

Litttera

Literatura, Lingüística, Cultura...

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

sebastianquinterovelasquez

Just another WordPress.com site

dosvecesbreve

dosvecesbreve

" Una Voz en el Silencio "

Literatura, reflexiones, pensamientos, fotografía, arte, musica, cine y cosas de actualidad

La Calamara

Reseñas de literatura escrita por mujeres

ECHANDO FLORES

las mujeres en el cine colombiano

DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia

libreta de abastecimientos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

costuras y pre(-)textos

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Un lugar de paso

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

Ohpino

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

elorejonsabanero.com

A veces surjo de lo que escribo como una serpiente surge de su piel (Enrique Vila-Matas - El viaje vertical)

lapieldelabatata

Bocetos, versiones, fragmentos de realidad · Textos por: Andrés Gómez O

El Blog de Konstance

Para amantes de la Literatura